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miércoles, 22 de octubre de 2008

Literatura en España (VII): Siglo XX.




Comenzamos a finales del siglo XIX: el romanticismo está en decadencia, el realismo dio paso al naturalismo y los artistas quieren encontrar un camino estético para formular sus ideas sobre lo de siempre: el amor, la vida y la muerte, Dios y la propia literatura así como temas nacionales, relacionados con un país tan heterogéneo como España.

La Generación del 98, incluye a escritores como Valle-Inclán. Maeztu, Baroja, Machado, Unamuno, Azorín... Grandes creadores preocupados por la renovación de las técnicas literarias, tanto narrativas como poéticas: recordemos que Rubén Darío fue un genio como hubo pocos y que gracias al nicaragüense, la poesía en lengua española logró un esplendor como en pocos momentos, tanto por los cambios sufrido como por los temas tocados.

Gracias a Francia y al parnasianismo, malditismo y simbolismo, con Verlaine, Mallarmé, Rimbaud, Baudelaire y otros impresionantes poetas, España se coloca al frente del movimiento llamado Modernismo, en el que fue ejemplar la labor poético-creadora de Juan Ramón Jiménez, ganador del premio Nóbel de literatura en 1956.

A partir de los movimientos de vanguardia de principios de siglo y mitad del mismo, como el dadaísmo, el futurismo, el expresionismo, el cubismo, el surrealismo... los poetas de la Generación del 27, con Lorca, Aleixandre -Nóbel en 1977- Cernuda, Alberti, Diego, Guillén, Salinas, Prados... adquieren de nuestros clásicos lo mejor de las formas tradicionales y de los junto con las novedosas premisas que Breton, Marinetti Tzara y otros precursores de los ismos fueron produciendo a lo largo de estos años. Sudamérica aporta a poetas y narradores como Borges, Cortázar o el cholo Vallejo, poeta de una altura impresionante desde muy temprana edad. Huidobro con el creacionismo, "envenenará" a los jóvenes del 27; Lorca mezclará tradición, formas clásicas y figuras típicas andaluzas con un desgarrador surrealismo (Poeta en Nueva York), Miguel Hernández aparecerá con un virtuoso libro como fue Perito en lunas ...y todos acabarán rindiéndose a la forma de poesía pura que JRJ impuso en sus textos.


La desastrosa guerra civil que sufrió España hace que muchos creadores adopten una postura de interiorización de esa nueva situación (ser reconducidos por el fascismo) o de alejamiento del país donde crecieron: el exilio es un fenómeno bastante notable en estos años y la literatura se dejará sentir por ese influjo.

A mitad de siglo surgiría el postismo como una revisión del surrealismo: Carlos Edmundo de Ory será una de las figuras a destacar.

Uno de los caminos será el del grupo de Córdoba, Cántico, que prolongaría esa belleza buscada ya en el Modernismo a principios de siglo; otra vía será el surrealismo y evidentemente la poesía social de la mano de Gabriel Celaya o Blas de Otero. La llamada generación del 50 con Barral, José Hierro o Ángel González a través del realismo llegan a renovar el lenguaje poético. Otro ejemplo interesante es Jaime Gil de Biedma, cuyo concepto de "poesía de la experiencia" será importante en los años 80 para el bloque granadino encabezado por Luis García Montero y del que destacamos a Javier Egea, para hablar de un realismo y de la poesía como elemento cultural que busca la complicidad con el lector, buscándose de esta manera una "nueva sensibilidad".

En narrativa, tras los primeros años de victoria fascista se iba componiendo novelas de corte vencedor y también otras novelas más esteticistas: Cela, Laforet, Delibes, Martín-Santos... El realismo social y el experimentalismo se adueñan de la literatura gracias a las influencias extranjeras como la italiana, la inglesa o la francesa. Goytisolo, Torrente o Sánchez Ferlosio serán exponentes de máxima altura en estos momentos.

En un próximo post hablamos más en profundidad de la novela tras la muerte de Franco como de la poesía que se genera a partir de los 80.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Literatura española (VI): Romanticismo y Realismo.



Tras la rigidez de formas que el Neoclasicismo impuso, los artistas optan por una postura más relajada en las formas pero más intimista y pasional. La filosofía ahora será la libertad en su sentido más pleno. La vuelta al yo, a la naturaleza, a la defensa del hombre por encima de las otras cosas tendrá su punto culminante durante estos años, llegando a conseguirse obras de gran importancia en todos los ámbitos culturales.

A partir de Goethe o Rousseau, los españoles irán, poco a poco, adquiriendo las formas y los elementos de un movimiento que defiende la imaginación, la fantasía y, como ya dijimos, la libertad, como los elementos fundamentales para la vida del hombre.

Dentro del Romanticismo, hay una parte defensora del tradicionalismo y los valores que se imponen con la iglesia católica y otra que es más revolucionaria, que defenderá la individuo frente a las leyes y la sociedad que se va imponiendo poco a poco: Lord Byron, Victor Hugo y Espronceda serán los tres referentes a seguir, para conocer los revolucionarios preocupados por un cambio y no el simple mantenimiento de la sociedad que ya existía. El costumbrismo será un signo de melancolía por los valores del pasado, y cuando el orden burguás se impone, dará paso a la decadencia del Romanticismo, surgiendo el Realismo.

Las características, además de la importancia que cobra el "yo" y el valor que adquiere la naturaleza, serán la fuga de este mundo, las referencias exóticas sobre países extraños, el rechazo al neoclasicismo y a sus normas en teatro, novela o poesía y también la atracción por lo oscuro y lo misterioso.

El poder religioso se intenta defender de los librepensadores que pretendían imponer una educación más laica. Los románticos, en esa búsqueda de libertad y ensueño chocan con la realidad más de una vez, lo que les llevará en el amor, el arte y la vida a un pesar que algunos sólo logrará superar con su propia muerte, es decir, mediante el suicidio, como el periodista y escritor Larra.



Aparecen tarde dos poetas como Bécquer y Rosalía de Castro, serán antirrománticos Núñez de Arce y Campoamor. Como dice Bécquer...

Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran,
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira,
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas,
mientras exista una mujer hermosa,
¡habrá poesía!

Zorrilla es uno de los mejores ejemplos con la famosa obra de teatro Don Juan Tenorio, donde expone con claridad el ascenso y la caída de un personaje que busca el placer personal a costa de los demás, y, en concreto, de las mujeres.


La reacción a este movimiento fue el Realismo donde se reflejan las características que la burguesía del momento tenía como normas: individualismo, materialismo e inmutabilidad de esto. Así, los artistas se convierten en observadores de la realidad y se dedican a describir qué pasa con todo detalle: después de Balzac, vendrá Zola y su Naturalismo, que es el Realismo extremo que practican alguno de estos escritores, cansados de las fórmulas románticas de los últimos años. El lenguaje y los temas a tratar serán cercanos, defendiendo el narrador una posición dentro de la novela. Galdós, Emilia Pardo Bazán o Clarín serán tres de nuestros novelistas del momento.
Juan Ramón, defensor del Modernismo posteriormente, Azorín, Mirbeau o Proust se rebelan en literatura y comienzan a hacer una literatura diferente e impresionista, donde las partes se presentan fragmentadamente. En arte, Monet y Renoir, por ejemplo llevarán a cabo una labor primordial en pintura, así como Cézanne o Sorolla.






A partir de aquí, lo que vamos a ver es el nuevo concepto de sociedad y arte que se impone en el siglo XX y un poco antes, con el Modernismo y las vanguardias como elementos imprescindibles para dar pie al nuevo arte.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Literatura en España (V): Neoclasicismo



Ninguna época acaba en un momento dado: siempre intentamos aprender o enseñar así, porque pedagógicamente es más fácil. El Barroco continuó durante años pero las reacciones a la exagerada forma de ver y sentir el mundo que los artistas demuestran, se van reformando hasta confluir en una vuelta al pensamiento respetuoso con las formas y las tendencias se perfeccionan sin ese retorcimiento que el Barroco supuso en el arte y el ánimo del siglo XVII.

En Italia, a partir de 1700 se retoma el gusto por lo antiguo, refiriéndonos con esto al estilo grecorromano del arte, con Canova a la cabeza, o Panini y Boileau desde Francia, retoma a Homero y a Aristóteles, fijando unas normas en métrica (Poética) para la poesía y en la escena para el teatro: espacio, tiempo y lugar serán respetados por los autores; lo cómico se separará de lo trágico y se eliminará lo misterioso e imaginativo. La muerte de Marat, de J. L. David

Todo esto conlleva una línea realista como reacción al arte que hubo antes: no olvidemos al profesor Orozco y su libro sobre lo barroco: él aporta que cualquier época tiene en su siguiente una reacción adversa y en su precedente, la negación de lo anterior, como ella misma, es decir,

Edad Media
Renacimiento
Barroco
Neoclasicismo
Romanticismo
Realismo

Vanguardias...

y así, entre la luz y lo medido y lo reglado, a la oscuridad y lo otro y de vuelta a la luz y de vuelta a la pelea entre realismo simple y lo no realista complejo, como el hombre: los hay simples, prácticos y realistas y los hay más complejos, alucinados y no realistas, como todo.


La oposición será una especie de primer intento romántico, que se irá viendo en una vuelta hacia lo oscuro, lo difuminado y que viene de Inglaterra y algunos escritores que se cansan de tanta regla y tanta perfección.

Feijoo, Luzán y el padre Isla, serán tres de los más importantes pensadores, escritores o propagadores de la cultura en España. Cadalso escribe Noches Lúgubres, libro fundamental para entender lo que vendría después en toda Europa: el Romanticismo.


martes, 12 de agosto de 2008

Literatura en España (IV): el Barroco.



El cambio fundamental de mentalidad tras la luz del Renacimiento, será la crisis espiritual, moral y social que se provoca en el siglo posterior. La densidad y el recargamiento serán las características del arte del momento, así como la negatividad y cierto pesimismo acompañado del movimiento convulso que toda crisis (espiritual y social) genera.

Artistas como Velázquez (Las Meninas, arriba; la Venus del espejo, derecha) Vivaldi o Bach, Góngora o Quevedo, Caravaggio (La vocación de San Mateo, izquierda) y Bernini o Borromini se dan cita histórica durante estos años.



Lutero y la Contarreforma, el Concilio de Trento y las nuevas vías de comercio que aparecen con el "descubrimiento" de América serán puntos a tener en cuenta para, después del retorcimiento del manierismo, entender la manera de pensar de esta época y sus individuos.



Entre nuestros escritores más importantes además de poetas como Góngora y Quevedo, el famoso autor que muere en el mismo año que el autor dramático inglés Shakespeare, Miguel de Cervantes Saavedra, creador del mito inmortal del caballero andante, amante del ideal y la aventura, llamado el Quijote y su fiel servidor Sancho, más inclinado a lo práctico y al cuidado de la propia vida que a jugarse en tontas aventuras que no conducen a nada, según su mentalidad más simple, menos compleja que la del loco Quijote.



A continuación, para deleite de la lengua española, reproducimos dos poemas: el primero de Góngora, un soneto, que hace referencia al que ya vimos del paso del tiempo de un siglo antes de Garcilaso, pero con el añadido del pesimismo del final, propio de la mentalidad de la época, y del culteranismo, escuela poética preocupada por el origen de la palabra, el latín culto, y la ruptura de la norma sintáctica para provocar extrañeza al lector...



Mientras por competir con tu cabello,
oro bruñido al sol relumbra en vano;
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;

mientras a cada labio, por cogello.
siguen más ojos que al clavel temprano;
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello:

goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lilio, clavel, cristal luciente,

no sólo en plata o vïola troncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.


Y, el segundo, de otro enorme poeta, más joven que el anterior, maestro de la palabra y la ironía, que no se llevaba muy bien con el mayor, demostrándolo por ejemplo en este soneto, donde los versos funcionan como ataque hacia la nariz de Góngora: nos referimos, claro está, a Quevedo, representante del conceptismo, más preocupado por la idea y su transmisisón y en juegos de palabras irónicos y divertidas asociaciones de significados.


Erase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una alquitara medio viva,
érase un peje espada mal barbado;

era un reloj de sol mal encarado,
érase un elefante boca arriba,
érase una nariz sayón y escriba,
un Ovidio Nasón mal narigado.

Erase el espolón de una galera,
érase una pirámide de Egito,
las doce tribus de narices era;

érase un naricísimo infinito
frisón archinariz, caratulera,
sabañón garrafal, morado y frito.

Literatura en España (III): Renacimiento.




Lo clásico se impone en el renacer cultural europeo: las referencias serán los mitos y las religiones griega y romana. La perfección en las formas junto con la sobriedad serán dos de los rasgos característicos del momento.

Italia es la referencia para Europa: Florencia, Milán, Venecia... aportan una arquitectura, escultura, pintura, literatura... con nombres como Leonardo, Miguel Ángel, Petrarca, Dante... quienes serán a partir de este momento los modelos a imitar.

De las principales características sobresale sobre todo el cambio o giro radical que se impone en la forma de vivir: el teocentrismo se sustituye por el humanismo, es decir el hombre se convertirá en el centro de todas las cosas; el platonismo será la filosofía elegida para empezar a conformar el mundo de este periodo.

Durante los siglos XV y XVI la naturaleza también cobrará importancia, así como el estudio de la anatomía humana, que quedará reflejado en pinturas y esculturas.


El cristianismo se parte y comienzan a surgir ideas nuevas que junto con la imprenta y los viajes, serán puntos fundamentales para que esa preocupación vital se generalice lo suficiente como para que países como España, lo aprovechen y produzcan obras literarias de gran magnitud, tanto religiosas como puramente literarias o filosóficas.

Cuando Navaggiero convence a Boscán de que utilice el verso italiano, el endecasílabo que se utiliza en los sonetos, es aplicado con pureza y perfección por uno de nuestros mayores poetas: Garcilaso de la Vega.

De nuestros ascéticos, Fray Luis de Granada será el principal, y de nuestros religiosos místicos, santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz los que profundicen más en el gozo místico, llamado éxtasis, de la unión humana junto con la divina.

Un ejemplo de poema sería el famoso soneto de Garcilaso, que trata del amor y la idealización de la amada, pero avisándonos del paso del tiempo que todo lo consume y abordando de manera genial el tema del "carpe diem", es decir, aprovecha el momento porque todos acabamos en el mismo sitio, a saber, el patio de las malvas, como dice la gente de Cádiz:


En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente,
honesto
enciende el corazón y lo refrena;

y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena;

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera,
por no hacer mudanza en su costumbre.

En cuanto a las obras en prosa, el Lazarillo de Tormes, de autoría no muy clara para algunos, narra las miserias de la España del momento y cómo vive un pícaro (un superviviente que ha de trabajar y hacer lo que sea para comer) por las calles de un país como el nuestro en esa época.

viernes, 4 de julio de 2008

Literaturatura en España (II): orígenes y desarrollo de las primeras formas.

Los manuales de literatura española nos dicen que en un principio la lengua árabe y la latina fueron las dos utilizadas como idiomas para hablar y escribir, dependiendo de la zona que se trate.

Durante el siglo XIII, Alfonso X fue un gran impulsor del castellano. Los Cantares de gesta fueron una de la primeras manifestaciones literarias de nuestro país. Del mozárabe tenemos las jarchas y del hebreo las moaxajas, formas poéticas derivadas de la cultura judía y la árabe.

En este siglo se escriben obras como el Poema de Fernán González y un poco más adelante, la que dicen que es nuestra mayor muestra de poesía épica (dinde se narran batallas, traiciones y juramentos): el Poema de MíoCid. Escritos en castellano antiguo, lo mejor para poder leer estos libros, sería encontrar una edición modernizada o adaptada a nuestras necesidades.





También en el siglo XIII aparece don Juan Manuel que redacta el Conde Lucanor, obra que trataba de enseñar y de ser útil: la sencillez que utiliza para escribirla, manifiesta su preocupación acerca de la transmisión y recepción: cuanta más gente pudiera leerla, mejor.

Gonzalo de Berceo y el Arcipreste de Hita, formaban parte del Mester de Clerecía, una escuela poética que utilizaba la lengua culta para escribir sus poemas: los Milagros de Nuestra Señora de Berceo y el Libro de Buen Amor del Arcipreste son dos de los mayores y mejores ejemplos que tenemos de estos dos escritores.







Además, aprecerían los romances, que esuna forma popular poética muy apreciada en nuestra historia literaria: de ocho sílabas y con una rima asonante (suave, ya que riman sólo los versos pares y las vocales). Un ejemplo sería el siguiente:

Romance del prisionero

Que por mayo era por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y canta el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a aservir al amor,
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión,
que ni sé cuando es de día
ni cuando las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba al albor.
Matómela un ballestero
déle Dios mal gallardón.

lunes, 23 de junio de 2008

Literatura española (I): introducción.

Una de las literaturas más ricas y completas es la escrita en español, o castellano, que era el dialecto original proveniente del latín que se hablaba en Castilla en el Siglo XV.

La influencia celta, romana y griega, y posteriormente árabe, nos ha dejado un extenso y magnífico legado en el arte de escribir.

Normalmente, la enseñanza de la literatura, como método pedagógico, divide las diferentes épocas literarias en períodos literarios: durante la Edad Media comienzan a escribirse los primeros textos. Posteriormente con el Renacimiento y la influencia italiana, poetas y escritores darán testimonio del esplendor del imperio español y el Siglo de Oro, con el Barroco culminará un exquisito momento para la lengua española, dando paso a un siglo francés como es el XVIII, el llamado siglo de las luces: tardaríamos en llegar al Romanticismo con el magnífico apoyo alemán, inglés o francés por ejemplo y después soñaríamos con el Simbolismo y moriríamos con el decadentismo, dando paso al enorme siglo XX, con un Modernismo hasta llegar a nuestros días, donde las corrientes literarias se pierden o difuminan entre tantas opciones culturales.

Poco a poco vamos a ir ofreciendo textos diferentes para se puedan comparar los temas y las formas. La evolución de un país se puede ver (o no) a través de los textos literarios. No podemos olvidar que esta riqueza, se complementa y completa con la magnífica muestra literaria que desde hace siglos nos ha aportado Hispanoamérica: desde aquellos primeros viajeros que contaban sus experiencias a favor o en contra de las salvajadas que los españoles cometimos en tierras sudamericanas, hasta figuras como Martí, Lezama Lima, Rubén Darío, Borges, Cortázar, los premios Nobel Octavio Paz y García Márquez, o actuales como Bolaño o Fresán.